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jueves, 4 de agosto de 2011

Extraña sensación.


No me gusta escribir desde el sentimentalismo, desde cualquier tipo de emoción, porque termino dejándome divagar cuando otros temas más importantes deberían rondar mi cabeza.
Pero hoy es cinco de Agosto (aunque mi blog se empeñe en decir que es 4, no señor, no lo es).

No es un día especial. No es el cumpleaños de nadie a quien quiera. No tengo nada que celebrar ni que llorar. Pero es cinco de Agosto.

Hoy, cinco de Agosto, voy a dejarme ser yo durante unas líneas, voy a permitirme el lujo de, dentro de unos días o quizás horas, volver a leerme y pensar que, en algún punto, he perdido la cabeza. Hoy me apetece decirlo todo.

Extraña sensación está, sí señor.
Necesitar algo con todas mis fuerzas y ser incapaz de pelearlo, aferrarme a una mera ilusión que se desvanece como un amor de verano, agarrar una cuerda demasiado corta como para trepar, llorar y reír imaginando y volviendo a la realidad...
Es increíble la capacidad del ser humano para deshacerse de todo aquello que le hace bien y atraer a la vez aquello que le perturba. ¿Por qué? ¿Somos masoquistas por naturaleza? ¿Podemos cambiarlo?
No soy capaz de entender cómo he podido cambiar tanto en a penas 3 ó 4 días, cómo mi forma de ver la vida ha dado un giro tan enorme e inesperado y cómo adoro esta extraña sensación que me hace trizas por dentro.
¡Bienvenidos al circo, tomen sus asientos, el show va a comenzar! Vamos a ver cómo caigo de la cuerda esta vez, cómo la equilibrista falla, cómo la red se rompe y no hay nada que frene mi caída.
Me gusta esa sensación de estar cayendo al vacío sin arnés, de saber que en cualquier momento no habrá nada que pueda evitar que mis huesos se quiebren. No quiero perderla, quiero que mi mente siga nublada, quiero sentir que vuelvo a nacer sin importar cuándo voy a morir.

Esta extraña sensación... no me importa dejarme caer, nací para morir libre.

jueves, 7 de julio de 2011

Inferioridad.


Sentir no ser suficiente, entender que no estás dando todo lo que se exige y que nunca podrás hacerlo, convertirte en tu peor pesadilla, querer escapar a la vida de otros, preguntarte constantemente por qué.

Miras alrededor y te abruma la perfección que te rodea; nunca serás así.
Incluso la manera de respirar de los demás es superior a la tuya. Están a otro nivel y debes aceptarlo, admitir que el tuyo está por debajo, que no puedes intentar alcanzarlos.
Hay algo que estás haciendo mal; miras y vuelves a mirar y los ves diferentes. ¿Qué es lo que te falta? ¿Qué es lo que tienen que tú no? Dos ojos, una nariz, una boca, dos orejas, un cuerpo...

El mero hecho de preguntarte día tras día dónde está tu error, de dónde proviene y cómo solucionarlo no es más que el reflejo de tus complejos, de tus experiencias, del dolor y la negación.
Siempre van a decirte que eres perfecto para ellos porque siempre van a darte de comer lo que les pidas, pero una vez sales de casa nadie sirve el plato a tu gusto; ni siquiera te dan de comer.

Supongo que nunca seré suficiente, que nunca podré escuchar lo que los demás escuchan, que nunca estaré a la altura de las situaciones ni las personas, que siempre habrá cien por encima que se niguen a dejarme escalar.
Supongo que en algún momento, me acostumbraré.

viernes, 17 de junio de 2011

Solo dilo.


Vives encerrado en ti mismo, piensas cada una de las letras que componen las palabras de tus frases y oraciones para no herir a nadie, para que nadie te hiera, para mantenerte en el equilibrio perfecto, alejado de la locura y la pasión, del horror y el desamor, del hielo y del calor...
Tú no estás vivo.

Quiero pedir perdón por todos los perdones que he pedido sin razón; por todas las disculpas que jamás debería haber pronunciado; por todo lo que no he dicho y debería haberlo gritado hasta quedarme sin voz y escupir sangre; por cada noche perdida cavilando sobre la estructura perfecta de una oración jamás pronunciada, jamás escrita, jamás descartada y jamás aceptada; por cada cremallera impuesta en mis propios labios.

Solo dilo, di lo que debas decir cuando debas hacerlo; lánzate y estámpate contra todos los suelos y paredes que encuentres: algunos serán de algodón.
Solo date la oportunidad de no pensar, de sentir y de volar, de dejarte llevar por los sentimientos y emociones que te embriagan y de los que te alejas.
Olvida lo políticamente correcto, olvida qué significa la presión; recuerda la pasión, los rayos del sol calentando cada milímetro de tu piel y la brisa marina rodeando tu habitación.

Vamos a dejarnos ir, vamos a dejarnos volver.
Vamos a decirlo todo y a no decir nada.
Vamos a ser la generación destrozada, destruída y destructora, ignorada e ignorante, maldita, repudiada, estereotipada, atacada, luchadora, salvaje, fuerte... vamos a ser el eslabón perdido de la historia, así que solo dilo, solo lo recordará quien deba hacerlo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Lágrimas.


Nada tiene más valor que una lágrima sentida.

No me importa su composición química ni los efectos que pueda causar en los ojos, solo lo que esconde.
Una lágrima derramada a tiempo puede salvarte de la perdición, de un dolor mucho más profundo que el que puedas sentir en ese momento, de la cobardía y de cientos de llantos futuros carentes de sentido.

Sé que algo me importa cuando noto ese escozor en los ojos, cuando se nubla mi vista y cuando, por fin y aunque intente retenerla durante vidas, una lágrima se desliza por mis mejillas y cae sobre una hoja de papel, mi clavícula o el suelo.
Hay quien piensa que soy llorona por naturaleza, fácilmente depresiva o falsa por el simple hecho de haberme escuchado decir varias veces "he llorado mares" o por haberme visto hacerlo ni una, ni dos, ni tres... sino cuatro veces; no pueden estar más desencaminados.
Odio llorar. Aborrezco esa sensación de sentirme expuesta a cientos de sentimientos a la vez, que aparecen y no se van, que perforan todos los recovecos de mi alma, que gritan por salir y hacerme sentir pequeña... pero creo que no hay nada más puro que eso.
Yo lloro cuando me rompo, cuando alguien me clava un alfiler donde aún no hay diamante, cuando me siento demasiado cansada para buscar una aguja e inyectarme algo de moral, cuando el tiempo parece jugarme una mala pasada y no querer ir hacia atrás...

¿Cómo puede una lágrima acabar en un pañuelo lleno de mocos? ¿Cómo somos capaces de arrojarla a la basura sin pensar qué hay detrás, que se esconde y a dónde nos llevará?
Lo dejaría todo por alguien que me regalara una sola lágrima pura, por alguien sin temor a las represalias que esta tenga, por alguien con el valor de decirme: "tómala, la he llorado solo para ti".

domingo, 24 de abril de 2011

Tonterías.


Siempre he pensado que algunas cosas eran estúpidas, que preocuparse por ellas era tontería, todavía más si se es una adolescente con las hormonas dando tumbos como yo, pero hoy lo veo todo de un color diferente.

No hay demasiadas personas que me importen en el mundo como realmente importa alguien que llevas en el alma, grabado con fuego en el corazón, alguien a quien admiras y quieres... pero a ellos los amo, los adoro y creo que lo haré el resto de mi vida, siga viéndolos o no, porque siempre me ha costado amar a las personas.

Hoy es el día en el que, por algún motivo que no quiero entender, el mundo decide venirse abajo para las personas que amo, de una manera u otra, para algunos de manera mucho más abrumadora que para otros, pero se viene abajo. ¿Y qué puedo hacer yo? Llorar no es una opción, pero siempre la marco cuando a), b) o c) no me convencen.
Quizás sea demasiado inocente todavía o demasiado egoísta pensando que nadie tiene derecho a tocar a quienes quiero, pero es así.
Si por ellos tengo que matar, lo hago, no me importa lo que tenga que llevarme por delante, pero si ellos han dado algo por mí, ¿no debería hacer lo mismo?

No soy confiada porque nunca lo he sido, pero si decido confiar en un grupo reducido de personas, abrirme cuando nunca lo hago y soñar con ellos... soñaré. Lo que sea, menos rendirme.

Son tonterías de una noche dura, pero empiezo a darme cuenta de que no son tan tontas.

lunes, 10 de enero de 2011

¿Quién soy?


Normalmente la gente cree conocerme cuando, en realidad, no saben nada de mí.
Esta va a ser una entrada muy personal y abierta a remodelaciones, a ser extendida o bien todo lo contrario, así como puedo añadir otras parecidas que, aunque parezcan tener un hilo conductor entre sí, carecerán de él.

Para llegar a conocerme de verdad hay que sentirme, y no me refiero a sentirme de una manera cercana o considerar que podría llegar a concederte el título de "amistad" o algo parecido, sino en un sentido mucho más profundo.
Soy una persona llena de contradicciones, miedos, inseguridades, cosas que contar y que callar, sueños cumplidos y por cumplir, metas...
Para tener unos escasos 16 años creo haber vivido bastantes experiencias, algunas buenas y otras no tan buenas, pero no por eso dejan de ser experiencias, y lo cierto es que todas ellas han colaborado a la construcción de una personalidad bastante definida y un carácter fuerte.

Hay quien me considera superficial por el simple hecho de adorar todo aquello que se refiere al maquillaje y la estética en general, pero no lo soy. Lo cierto es que no soy una persona que se cuide demasiado, ni dedico mucho tiempo de mi vida frente a un espejo. Es más, podría decirse que si hay algo de la gente en general que odie es que sean superficiales.
Debajo de veinte capas de ropa, maquillaje o máscaras está nuestro verdadero yo, y siempre terminará saliendo a la luz, porque al carácter natural, aquel que nos diferencia de los demás o de simples marionetas, no le gusta la oscuridad y el anonimato.

Cuando me he referido al hecho de que para conocerme hay que "sentirme", quería dar a entender que quien ha vivido conmigo una experiencia complicada o un simple momento cualquiera y me conoce (o ha conocido), habrá podido notar en mí algo que ni yo misma sé definir, pero que está presente en cada uno de mis movimientos.
Hay quienes solo saben hablar con la boca, moviendo su lengua viperina de un lado a otro, pero sin llegar a decir nada... Para mí eso es simplemente vulgar, por lo que prefiero la comunicación visual, o, en su defecto, me sirve también algo de tacto.
El que me conoce lo sabe, y es cierto que hay quien me conoce solo mediante un ordenador, pero creo que no es complicado sentirme, esté lejos o cerca.

Nadie me conocerá jamás con una palabra ni con una imagen, nadie, porque nada en mí es lo que parece hasta que se llega a ahondar en mi personalidad y... créeme, si es que me lees, que no es algo sencillo.

Como esta entrada está pendiente de ser alargada, aquí lo dejo por hoy.

viernes, 7 de enero de 2011

Egoísmo, egocentrismo. Orgullo.


·La foto no tiene nada que ver con lo que voy a escribir, pero simplemente me encanta·

Desde hace unas semanas me encuentro en un punto de mi vida en el que cuestiono todo lo que he hecho anteriormente, tanto las cosas buenas como las malas.
He llegado a la conclusión de que soy una buena persona, al menos actualmente, pero que hay ciertas cosas que podría mejorar.

He hecho un buen trabajo respecto a mi ego y mi egocentrismo, pero no siempre ha sido así y me gustaría disculparme con todos aquellos a los que mi egoísmo y egocentrismo hayan podido herir en alguna ocasión los dos últimos años.
No tengo la razón en todo, y es algo que me ha costado admitir mucho tiempo, y controlar mis impulsos es complicado, pero creo que estoy aprendiendo a hacerlo.

Me he dado cuenta de que he perdido a algunas personas importantes por culpa de esas dos cosas (las dos primeras citadas en el título) y, sinceramente, ahora me arrepiento bastante.
Sin embargo, no soy capaz de volver atrás en el tiempo y cambiar las cosas, pero tampoco de contactar, pese a tener medios para ello, y pedir perdón. Odio mi orgullo, me causa demasiados problemas.

Todas las personas con las que he tocado este tema (dos o tres, no más, las que mejor me conocen) han llegado a la misma conclusión: el orgullo no lleva a ninguna parte.
Tenéis mucha razón y comparto vuestra opinión, pero creo que el orgullo me va a acompañar durante bastante tiempo.

Para variar, no voy a escribir una parrafada con una reflexión mía, sino que ahí dejo esto, por si algún alma perdida lo lee y se siente aludida, ahí queda una disculpa escrita de corazón, porque, sinceramente, dudo mucho que salga una de mis labios.