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jueves, 7 de julio de 2011

Inferioridad.


Sentir no ser suficiente, entender que no estás dando todo lo que se exige y que nunca podrás hacerlo, convertirte en tu peor pesadilla, querer escapar a la vida de otros, preguntarte constantemente por qué.

Miras alrededor y te abruma la perfección que te rodea; nunca serás así.
Incluso la manera de respirar de los demás es superior a la tuya. Están a otro nivel y debes aceptarlo, admitir que el tuyo está por debajo, que no puedes intentar alcanzarlos.
Hay algo que estás haciendo mal; miras y vuelves a mirar y los ves diferentes. ¿Qué es lo que te falta? ¿Qué es lo que tienen que tú no? Dos ojos, una nariz, una boca, dos orejas, un cuerpo...

El mero hecho de preguntarte día tras día dónde está tu error, de dónde proviene y cómo solucionarlo no es más que el reflejo de tus complejos, de tus experiencias, del dolor y la negación.
Siempre van a decirte que eres perfecto para ellos porque siempre van a darte de comer lo que les pidas, pero una vez sales de casa nadie sirve el plato a tu gusto; ni siquiera te dan de comer.

Supongo que nunca seré suficiente, que nunca podré escuchar lo que los demás escuchan, que nunca estaré a la altura de las situaciones ni las personas, que siempre habrá cien por encima que se niguen a dejarme escalar.
Supongo que en algún momento, me acostumbraré.