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martes, 21 de septiembre de 2010

La pirámide de Maslow y yo.


La semana pasada y ante mi asombro, me encontré en clase de economía criticando la pirámide de Maslow segundos después de entender de qué se trataba.
Sí, los que me conocen saben que últimamente estoy muy crítica y que estas críticas no puedo guardármelas.

Bien. El caso es que ninguno de mis compañeros contestó a la pregunta de: ¿os creéis esto?, excepto una a la que se le preguntó de forma individual, y que solo cabeceó dando a entender que sí.
Como siempre, me indigné, y sin tardar dije que yo no la veía perfecta y que, es más, podía criticar algunos puntos de la jerarquía.
Se me preguntó por qué y respondí sin tapujos que, por suerte, no todos las personas somos iguales (y para mis adentros me lamenté por haberlo dicho, ya que cada vez esa afirmación es más criticable en este mundo nuestro de adolescentes, y no tan adolescentes, carentes de personalidad) y que, por tanto, nuestras necesidades también son diferentes.

Hasta hace tres meses, mis necesidades sociales eran prácticamente nulas: me valía con una amiga y un +500 en tuenti completamente estúpido.
Me negaba a conocer a gente, y si salía solo me comunicaba con mi círculo más cercano; mi vida se basaba en el estudio, la estancia en casa y, como mucho, salir algún sábado para acabar en la estación de autobuses.
Entonces mis necesidades fisiológicas (salud) y de seguridad se vinieron abajo y se me propuso empezar de cero, y lo hice; cambié de arriba abajo, no solo por fuera, sino por dentro y después de tener de nuevo cubiertas las dos primeras partes de la pirámide, empecé a escalar, pero no seguí ese orden: Primero comencé por mi autoestima, ya que sin ella estaba perdida (¿cómo va a quererte alguien si no te quieres TÚ?), y aunque no logré el resultado esperado, avancé; después empecé a salir, a conocer gente nueva y a seguir conociendo más a fondo a otras que de verdad valían la pena, y así, de la noche a la mañana, apareció la persona más importante de mi vida.
El camino no fue fácil, y mi necesidad de la estima salió tocada, pero llegué al último punto: la AUTORREALIZACIÓN.

Es solo un ejemplo para apoyar mi opinión sobre la pirámide de necesidades y, no voy a mentir, para volver a encarrilar mi vida, pero si hay algo con lo que esté de acuerdo con Maslow es que, sin tener las necesidades sociales cubiertas, es complicado llegar a la autorrealización.
Por otra parte, encuentro algunas personas a las cuales no les importa si unos los aprecian o no, que incluso no se ven motivados por la idea de conocer a gente que los pueda hacer felices si eso no les ayuda a llegar a su meta (egoísta muchas veces). Entonces, ¿no es criticable la pirámide?

¿No deberíamos llevar la crítica a otros puntos más generales, como la vida misma y las maneras tan estúpidas que tenemos de llegar a la autorrealización?

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