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martes, 31 de agosto de 2010

¿Qué narices estamos viviendo?


Tengo 16 años y una vida bastante cómoda, con sus altibajos, pero una buena vida al fin y al cabo.
Podría pedir muchas más cosas, pero ninguna esencial para vivir o que pudiera hacerme infinitamente más feliz, porque de eso se encarga él sin necesidad de gastarse un duro.
Por extraño que parezca, soy una niña bastante sana (tengo mis momentos, como todos, y alguna cosilla que nos trae de cabeza al médico y a mí, pero sin importancia) y no entiendo por qué el mundo se está volviendo insano.
Insano como enfermo, insano como loco, insano como definición de mundo.

No hay día que no vaya caminando por la calle y vea algo insano. Y no me refiero a una bolsa de patatas fritas tirada en medio de la acera precisamente...
La calle se ha convertido en la tienda favorita de jóvenes y no tan jóvenes, en el bar de cada día o en el retrete de casa en el que no se puede vomitar más; en cementerios para los muertos en guerras estúpidas, en el bar de putas donde trabaja una extranjera para pagar su deuda o en la clase saltada de un niño cualquiera.
Es penoso, y no de la manera en que puede ser penosa una persona a la que se le ha pillado mintiendo y ha quedado mal, sino de la forma en que miras a un toro en una plaza y sabes que va a morir y piensas: da pena.

La televisión nos vende que fumar, drogarse o beber está mal y que vivimos en un mundo libre y algunos, con suerte, en un país "democrático", pero solo de manera superficial.
Si miramos más detenidamente vemos que nos incitan a probar del árbol prohibido, a darles morbo, a dejarles entrar en nuestras cabezas cuanto antes (porque un niño es más fácil de engañar) y a obligarnos a pensar como el sistema político o religioso quiera que pensemos.
Ellos no nos quieren quitar el tabaco (yo no fumo, aclaración) porque es su fuente de ingresos, pero han de quedar bien con todo el mundo para tener el voto asegurado.
Ellos nos dicen que todo va bien, que no nos preocupemos, que la democracia nos salvará de todo y que en su nombre todas las masacres están permitidas, pero nada va bien.
Ellos nos obligan a pensar que debemos tomar parte de su juego para "hacer de este un sitio mejor" cuando lo único que les interesa es nuestro dinero.

Señoras y señores, con 13 años visité una edificio del Estado en el que, os puedo asegurar, se podría dormir mejor que en la cama de mi habitación porque en mi casa esos sillones no los tenemos.
Ahí empezó el declive de fé en el sistema en mí.
Escribí una redacción obligatoria de 5 hojas sobre la visita exponiendo mis ideas, las mías y no las de mis compañeros, que solo buscaban un aprobado a base de peloteo.
Mi nota fue un 10. La media de clase no llegó al 7.
Ahí también me di cuenta de que hay gente a la que le importan tus ideas.
De todos modos se me comentó que no debía de ser tan negativa (claro, no le quedaba de otra al profesor, digo yo).

Pero antes de eso yo ya había visto atentados en televisión, gobiernos que se declaraban la guerra, gente inocente que moría en la calle porque a alguien le apetecía poner una bomba, madres llorando por ver a sus hijos morir de hambre o a la Iglesia, esa de la que tan fielmente formaba parte, arremeter contra personas que solo buscaban poder oficializar su amor y ser aceptado por Dios.
Sigo viendo atentados, sigo viendo guerras y bombas, sigo viendo gobiernos decadentes e incompetentes y sigo viendo cómo esa Iglesia da la espalda a gente que solo busca amar y ser amada solo porque, en la pareja de enamorados, los dos comparten el mismo aparato reproductor.

Todo lo que veo son ataques al amor, el amor a la persona, el amor a la tierra en la que se vive, el amor por la esperanza y la felicidad (esas que nos están quitando).
Nos están volviendo locos, pero ellos tendrán el dinero suficiente para pagar un tratamiento que cure su locura.
Ahora bien, ¿qué es peor: un loco obligado a serlo o un loco que lo es por placer?

((Con todo esto no quiero decir que el mundo entero me parezca una mierda, que no haya que comprarse coches ni móviles ni blablabla, porque sería ilógico querer cambiarlo todo, pero al menos pensar en que, lo que somos, es lo que ellos quieren que seamos...))

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